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¿Por qué nos vamos de Manizales?

  • Writer: Martín Franco
    Martín Franco
  • Mar 29, 2021
  • 2 min read

Cuando uno de los mejores deportistas de Caldas anunció que se iba a Risaralda por falta de apoyo, se armó el zafarrancho: que cómo era posible, que el departamento sí le había girado plata, que qué dolor qué pena. Hasta el alcalde y el gobernador salieron a decir que debían buscar una manera para retener a una de las promesas deportivas de la región. (O digo mal: que Marcelo Gutiérrez dejó hace rato de ser promesa lo ratifican, entre otros, sus títulos de ciclomontañismo en campeonatos de Portugal y Chile). Queda claro pues que los mandatarios decidieron darse la pela para impedir que nos abandonara uno de los pocos deportistas que pueden sacar a Caldas del deshonroso -sí, aceptémoslo- decimoctavo lugar que ocupó en los pasados Juegos Nacionales (apenas dos medallas de oro comparadas con las 144 que obtuvo Antioquia).


Pero el tema de fondo no es ese. O también, pero hay otro: la pregunta más clara que se desprende de todo esto es, a mi juicio, por qué tanto manizaleño se va de Manizales. ¿Cuál es la razón -si es tan buen vividero, si tiene la mejor feria de América, si es la ciudad de las puertas abiertas- para que uno tras otro, generación tras generación, sigamos abandonando la ciudad? Yo sé que habrá optimistas, emprendedores con cifras en mano listos para desenfundarlas y criticar estas palabras tan falsas: que este año se presentaron 2.000 desempleados menos, que la cifra bajó 0,8 puntos con respecto al mismo período del 2012 y todo lo demás. Claro, las cifras están muy bien; el problema es que los datos muestran, pero no explican. Puede que haya menos, sí, pero al final, ¿cuántos empleos informales hay? ¿Cuántas de esas cifras no las hacen las cientos de personas metidas en los famosos call-centers?


No sé si haya una estadística para medir el número de personas que abandonan la ciudad cada semestre (o cada año), pero basta que miren a su alrededor y cuenten cuánta de la gente que conocen está ahora mismo en otra ciudad. Las razones que tengo no son tan novedosas; en realidad, son las mismas que llevan años repitiéndose: que a Manizales la sigue manejando la misma clase política que reparte los cargos públicos entre conocidos y colaboradores; que no hay oportunidades porque tampoco existen las suficientes empresas; que es una ciudad cerrada y regionalista, y que cada vez es más difícil surgir.


No deja de ser paradójico, entonces, que Manizales sea una ciudad universitaria: un lugar donde se preparan cientos de jóvenes que después, al terminar la carrera, tendrán que salir a buscar su futuro en otra parte porque allí no hay qué hacer. Estoy seguro de que, como yo, muchos abandonaron la ciudad con la idea de poder regresar algún día, pero así las cosas no se ve muy claro cuándo pueda ser ese cuando. Mientras tanto, no queda más remedio que continuar haciendo futuro en otro lado. Así es la cosa; ahora, si quieren, saquen las cifras para desmentir, pero no olviden que ellas también dicen cosas como que en Colombia hay menos cultivos ilegales y lo cierto es que al problema de las drogas todavía no se le ve una solución cercana. Ténganlo en cuenta.


Abril 30 de 2013

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